Después de 40 semanas de embarazo, llega el nacimiento del bebé. Finalizado este proceso, se produce la salida de la placenta, que se encuentra pegada al útero y de la cual surge el cordón umbilical, encargado de nutrir y filtrar los desechos del bebé dentro del útero. El cuidado del cordón umbilical comienza en el momento del alumbramiento.
Después del parto, se pinza y se corta con material limpio y estéril. Tras el nacimiento, y hasta que cicatriza, los gérmenes habituales de la piel pueden ocasionar infecciones. Por este motivo, es importante adoptar medidas higiénicas correctas para que se mantenga limpio y evitar, así, posibles complicaciones.


¿Cómo curarlo?
En entornos donde las condiciones higiénicas son favorables, se recomienda curarlo en seco. Este tipo de cuidado consiste en el lavado con agua y jabón, manteniendo limpio y seco el cordón umbilical, y evitar cubrirlo con gasas o con el pañal.
El lavado continúa después de la caída del cordón y hasta la cicatrización total de la zona. Como la finalidad de limpiar el cordón umbilical es evitar infecciones. Ya en el hogar no es necesario realizar procedimientos tan estrictos, será suficiente revisar que el muñón esté bien seco cada vez que se cambie el pañal y reemplazar la gasa a diario. Si se mojó de orina es preciso limpiarlo con una gasita humedecida con agua; después secarlo y volver a cubrir con una limpia.
¿Cuándo y cómo se cae el cordón umbilical?
El cordón umbilical se caerá por sí solo. Cuando está a punto de caerse, encontraremos una costra en su extremo, y puede aparecer sangre (escasa y ligera), lo cual es signo de cicatrización, quedando lo que tenemos todos: el ombligo.
Lo habitual es que se desprenda entre los tres y los 14 días de vida, no obstante, este período puede ser más amplio, y llegar hasta las tres semanas, sin que esto suponga una situación anómala.
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