Si te obsesionas con tu peso, tus hijos podrían hacerlo también

Si te obsesionas con tu peso, tus hijos podrían hacerlo también

Un claro problema de sobrepeso y obesidad que ya está afectando desde hace unos cuantos años a nuestros hijos, que en muchos casos llevan una dieta similar a la de los padres, y en el peor de los casos, una dieta aún menos saludable, con un consumo excesivo de alimentos procesados cargados de azúcares y grasas saturadas y una marcada carencia de productos frescos como vegetales, frutas y hortalizas, y otros como legumbres y verduras, que son parte esencial de nuestra dieta junto con los hidratos de carbono menos refinados.

Pero no es el único problema, porque desde hace un tiempo existen los llamados trastornos de la conducta alimentaria (TCA), siendo los más conocidos la anorexia y la bulimia, que afecta sobre todo a chicas adolescentes, pero cada vez más a niñas que aún no han llegado a la pubertad.

Precisamente por esta razón se está empezando a recomendar a los padres que tengan cuidado con sus costumbres y hábitos, tanto a la hora de comer como a la hora de pesarse, ya que cuanto más se obsesionen con el peso mayor es el riesgo de que se obsesione su hija.

¿Cuál es la incidencia de Trastornos Alimentarios?

Hablar de una prevalencia de un 4,1% a un 6,41% es hablar de cifras muy elevadas, porque estamos hablando de casos diagnosticados. Antes del diagnóstico muchas chicas de 12 a 21 años están empezando a jugar ya con la comida y el peso y aún no forman parte de estas cifras, así que podríamos estar hablando de una incidencia superior.

La obsesión de los padres por el peso puede ser un factor predisponente

No es el único factor, está claro. Los trastornos de conducta alimentaria son multifactoriales y se sabe que pueden venir motivados por los siguientes factores:

• Factores biológicos: parece que hay cierta predisposición genética y ciertas alteraciones neurobiológicas que aumentarían el riesgo.
• Factores socioculturales: modelos familiares sobreprotectores o excesivamente rígidos y autoritarios; familias conflictivas o desestructuradas; antecedentes familiares de trastornos afectivos y sintomatología obsesivo-compulsiva, de trastorno de la conducta alimentaria (especialmente en las madres), padres preocupados constantemente con la alimentación, y a menudo haciendo dietas relativamente severas, obesidad (sobre todo en madres), alcoholismo (padres), hábitos alimentarios poco regulares durante la infancia y que el menor lleve a cabo actividades durante la infancia o adolescencia que valoren excesivamente la delgadez o el peso.
• Factores psicológicos: trastornos por carencias afectivas, trastornos de la personalidad, trastornos obsesivo-compulsivos, trastorno de control de impulsos, realización de dieta anómalas y restrictivas y preocupación por el cuerpo, historia personal de dificultades alimentarias, excesiva rigidez, autoexigencia, perfeccionismo, retraimiento social y baja autoestima.
• Factores estresantes: abusos sexuales y/o físicos en la infancia, críticas respecto al físico, sucesos impactantes que llevan al menor a cobijarse en la alimentación, etc.

Así que si crees que podrías estar usando la báscula más veces de las recomendadas, o si el control de las calorías que ingieres parece que es lo más importante en tu día a día, quizás deberías buscar la manera de que tu hija no te vea hacerlo, y mientras tanto intentar que el objetivo sea llevar una vida saludable evitando las dietas milagro y eliminando las ganas de conseguir un peso ideal lo antes posible.

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