Maneras De Superar La Muerte De Un Padre

Cuando lamentablemente fallece uno de los padres, es un tema que muy pocas familias saben abordar correctamente

Por lo general se cree que pérdida es sinónimo de fallecimiento, pero este concepto también abarca el abandono, un viaje prolongado, un divorcio o una enfermedad muy grave, explica Ana María Merchán-Tamariz, docente de la Facultad de Educación de la Universidad de las Américas.

Esta ausencia crea un sentimiento de malestar, angustia, tristeza y tiende a confundir a los pequeños. Por ello, los padres deben entender que aceptar esta pérdida puede tomar algún tiempo y mucho apoyo.

“Todo cambio requiere de un tiempo de adaptación y aunque algunas veces un adulto puede procesar la información más rápidamente, para los niños el proceso es delicado porque significa adaptarse al cambio de una estructura familiar a la que ya estaban acostumbrados, y es un cambio que no entienden, no pidieron ni tampoco esperaron”, explicó la experta.

Cuando cambia el núcleo familiar o se modifica el entorno en donde viven los niños, todos se vuelven extraños y se comportan de forma rara. Los adultos hablan en voz baja, suspiran mucho, lloran a escondidas, cambian el tema cuando se les hace preguntas relacionadas con su progenitor;

En cuanto al ambiente del hogar: las cosas de papá o mamá se mantienen intactas o se guardan en otro lugar, algunas veces se esconden fotografías, se evita ir a los lugares donde iban en familia o escuchar la música que a él o ella le gustaba.

Todo esto les produce angustia, inestabilidad, irritabilidad, pudiendo llegar a niveles de depresión.

La sensación de tristeza y aislamiento en los niños puede ser innegable y crecer en la medida en que ellos no entiendan por completo la situación.

No importa la edad que tengan, los niños siempre se darán cuenta de lo que sucede a su alrededor y las emociones pueden tornarse negativas si sienten que se les miente, se les dice una verdad a medias, se los ignora o no se les involucra en las decisiones de la familia.

Los niños, cuando se produce un divorcio o un fallecimiento, siempre son los más afectados y pocas veces se los atiende como debería. La mayoría de las veces se piensa que porque son pequeños “no se dan cuenta” o lo superarán más fácilmente que los adultos.

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