Evita el envenenamiento infantil

Evita el envenenamiento infantil

El envenenamiento, como cualquier otro accidente que lesione, mutile, discapacite o en el peor de los casos termine con la vida de un menor, es una desgracia que afecta a millones de niños y familias año con año sin que los adultos, gobiernos e instituciones internacionales atinen evitarlo.

Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), cada día mueren en el mundo más de dos mil niños a causa de accidentes, mientras que al año decenas de millones de infantes ingresan a los servicios médicos de urgencias a causa de lesiones que frecuentemente los dejarán incapacitados para toda la vida.

En el caso solamente de envenenamientos o intoxicaciones, las autoridades sanitarias internacionales calculan la muerte aproximada de cuarenta y cinco mil niños al año, mientras que a los sobrevivientes con alguna afección de ligera a profunda en poco más de cuatro millones.

Sin duda que se trata de un asunto grave que preocupa a todos, no sólo por los costos económicos, como de oportunidad que representa para los afectados y la productividad de los países, la hospitalización y rehabilitación prolongada requerida, sino por la tragedia humana que significan muchas veces los efectos del envenenamiento, lesión cerebral y coma.

La evidencia empírica revela que la mayoría de los accidentes en los niños ocurre como resultado tanto de la naturaleza curiosa, inconsciente e irreflexiva del menor, como de la imprudencia de quien tiene la responsabilidad de cuidarlos.

Al respecto, es importante recordar que los niños son seres esencialmente vulnerables que requieren de la protección de los adultos. Además de encontrarse en continuo crecimiento y que sus sistemas inmunitario, reproductor, digestivo y nervioso central aún están en desarrollo, los menores incursionan siempre en ambientes desconocidos y diseñados a escala adulta, sin tener conciencia del peligro, ni saber cómo protegerse.

Evidentemente ningún ambiente es libre de amenazas, ni aun el propio hogar, como ningún padre quisiera ver lesionados a sus hijos. Todos, incluidos los menores, estamos expuestos a sufrir un accidente. La probabilidad de una desgracia es intrínseca a la vida y aun cuando los traumatismos no intencionales ocurren en forma rápida e inesperada, en un alto porcentaje se pueden evitar o al menos aminorar, si se educa a los niños, se está verdaderamente atento de ellos y se hace de la casa, escuela o calle, espacios donde se respeten las medidas de seguridad convenidas en familia.

Recordemos que veneno es cualquier sustancia nociva y de rápida acción en contra del organismo, contenida en infinidad de artículos de uso común en el hogar y de los cuales muchas veces el adulto promedio no presta la atención debida, porque su experiencia le hace reconocer la consecuencia de manipularlos en envases y no exponerse a ellos, experiencia de la cual carecen los niños.

Algunos de los productos dentro del hogar que en mayor número de casos provocan intoxicaciones o envenenamientos son los líquidos de limpieza, solventes para pinturas, fungicidas y fertilizantes para macetas y jardín, esmaltes de uñas, el mercurio contenido en termómetros y baterías, medicamentos con o sin receta que al combinarse producen graves efectos, monóxido de carbono causado por el auto o el fuego de una fogata y los alimentos en estado de descomposición, entre otros.

A continuación algunas medidas para evitar que sus hijos se expongan a sustancias potencialmente peligrosas.

• Hable con sus hijos y enséñeles a ser precavidos con todos los líquidos, aparatos, sustancias y envases, así como a identificar las soluciones venenosas con símbolos reconocibles por ellos.
• Mantenga todas las sustancias tóxicas arriba anotadas bajo llave y fuera del alcance de los niños.
• Nunca guarde los productos de la limpieza, junto a los envases o latas de alimentos, para no confundir a un niño cuando busca algo que comer.
• Asegúrese de conservar los medicamentos y substancias químicas en los mismos envases o recipientes originales que cuando los compró.
• Evite en la medida de lo posible el uso de productos químicos y solventes, elimínelos cuando ya no los necesite.
• Deshágase de todo medicamento o producto dentro de su casa, cuya fecha de utilización haya caducado.
• Bríndele mantenimiento a todo artículo que funcione con gas, aceite o cualquier otro combustible para que no provoque fugas dentro de su casa.
• Cuando compre algún producto o medicina, prefiera siempre los envases con trampa de rosca que sean difíciles de abrir por los niños.

Amable lector, múltiples son los riesgos que los pequeños pueden enfrentar a lo largo de un día y aún cuando pudiéramos nosotros evitárselos, no sería conveniente para ellos incurrir en su sobreprotección. La mejor forma de proteger a los menores es iniciándolos a detectar todos aquellos ambientes, momentos u objetos peligrosos para que sepan evadirlos y actuar eficazmente frente a ellos en caso necesario.

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