Deshidratación En El Embarazo

La mayoría de las embarazadas experimentan náuseas y vómitos, especialmente durante el primer trimestre de la gestación

Normalmente la causante de dichas molestias es la elevación muy rápida de los niveles de la hormona conocida como GCH.

Cuando estos síntomas se presentan de una manera extrema, entonces se puede hablar de hiperémesis gravídica, o lo que es lo mismo, deshidratación por náuseas durante el embarazo.

Ésta va más allá del primer trimestre y puede llegar a ser bastante grave tanto para el bebé como para la madre e incluso puede dar lugar a un parto prematuro.

Síntomas de hiperémesis gravídica

La hiperémesis gravídica sobreviene cuando las náuseas son tan frecuentes que pueden incluso provocar deshidratación en la mujer embarazada, teniendo como síntomas entre otros:

Deshidratación

Es la falta o pérdida de líquido en el organismo lo que le inpide funcionar de manera correcta.

Pérdida de peso

Durante el embarazo una pérdida de peso sin tener un motivo aparente es razón más que suficiente para visitar al ginecólogo.

Debilidad y mareos

Aunque los mareos son una molestia común en el embarazo, si son constantes y frecuentes, pueden ser un síntomas de este problema.

Dolores intensos de cabeza

Aunque también es común durante la gestación una jaqueca o cefalea, sin ocurren con mucha frecuencia, es mejor consultar.

Náuseas persistentes e intensas

Vienen acompañadas de severos vómitos, pueden provocar la deshidratación durante el embarazo.

Tratamiento

Los doctores pueden administrar ciertos medicamentos para controlar las náuseas y los vómitos y la futura mamá tendrá que recibir nutrientes y líquidos por vía intravenosa en caso de deshidratación.

En cualquier caso los especialistas recomiendan que la mujer embarazada que sufre esos trastornos beba y coma cuando se encuentre bien en cantidades pequeñas pero, eso sí, frecuentes.

Por otra parte los vómitos y las náuseas graves pueden empezar entre la semana número cuatro y la número 8 del embarazo, pero generalmente desaparecen alrededor de la semana número quince.

Si pasado este tiempo la futura mamá continúa vomitando y con náuseas,no hay que preocuparse demasiado, puesto que con un cuidado seguimiento y con una correcta identificación de los síntomas, las complicaciones tanto para la madre como para el bebé, no son muy habituales.

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