Culpabilidad después de un regaño a los hijos

Culpabilidad después de un regaño a los hijos

Nadie dijo que regañar a los hijos es fácil (aunque ellos crean que nos encanta gritarles): después de que (casi) nos sacan canas verdes y sin haber manera más humana de corregirlos, les ponemos el “tate quieto” al que nunca queremos llegar.

Algunos entienden al primer momento, pero hay unos niños más resistentes y debemos reprenderlos todavía más. Haya sido solo un grito o varios, verlos reaccionar de forma triste nos parte el alma, aunque es muy difícil (y riesgoso) demostrarlo.

No, regañar no es fácil y siempre hay un juez en la cabeza que nos recrimina que de mamás amorosas hemos pasado a ser unos verdaderos monstruos. Y si no, al menos se presenta la duda de “¿me habré pasado?”.

De pronto se nos da recordar cuando éramos pequeñas y nuestros padres u otros adultos nos regañaban. Y es mucho más fácil sentir empatía cuando vemos cómo lloran nuestros hijos después del regaño. Es una fea sensación. Pero como dirían nuestras madres “me duele más a mí que a ti”.

No eres una mamá perfecta, eres una mamá normal

Tal vez hayas pensado que tu peque hace demasiadas travesuras porque “no lo estás educando bien”. Sí, es muy posible que dudes y pienses que hay un problema de conducta que no corregiste a tiempo. Entonces el regaño se te hace más injusto todavía.

Algo muy importante que debes tener presente es que los niños desobedientes, berrinchudos, traviesos, gritones y llorones, son niños normales. Y que tú, mamá, por más educadito que quieras que sea tu pequeño, no lo será.

No te tortures pensando que te has convertido en la peor madre del mundo por regañar a tu pequeño.

Y sí, es fácil flaquear ante ciertas situaciones. Tal vez estés cansada y quieras un poco de silencio, o estás en algún lugar donde no es muy apropiado que tu peque ande haciendo de las suyas. Entonces gritas, lo reprendes y hasta puede que discutas. Pero al final del día tú te sentirás mal, tal vez peor que tu peque durante tu regaño.

Los regaños son normales

No te tortures pensando que te has convertido en la peor madre del mundo por regañar a tu pequeño. Lo que debes considerar es hasta qué punto llega tu regaño: ¿le gritas frente a otras personas, has querido pegarle, le impones un castigo fuera de lugar?

Ten presente que un regaño no tiene como objeto castigarlo, sino que conozca sus límites cuando se está portando mal o evadiendo alguna tarea que es su responsabilidad (algo tan sencillo como lavarse los dientes).

Y no olvides que siempre habrá momentos malos pero también lo hay maravillosos, y después de un regaño ambos pueden tranquilizarse, darse un abrazo y sentirse bien consigo mismos.

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