Cosas Extrañas De Un Recién Nacido

Cuando tu bebé nace por lo regular te das cuenta de muchas cosas que te pueden parecer extrañas, a continuación te presentamos algunos datos curiosos

La cabeza de mi bebé se ve extraña

Imaginabas a un bebé perfecto como los de las publicidades: robusto, sonrosado y precioso.

Si la cabeza del recién nacido se ve rara y con forma cónica al principio, es porque es probable que haya pasado horas calzado en tu pelvis. Las aberturas en su cráneo le permiten moldear su forma para que pueda atravesar el canal de parto.

Explica Anne Hansen, M.D., neonatóloga del Hospital de Niños de Boston y profesora asistente de Pediatría en la Escuela Médica de Harvard: “Esto lo protege contra fracturas de cráneo o lesiones cerebrales durante un parto vaginal”.

Hay otras imperfecciones que se suman a la apariencia temporal de trol de tu bebé. Si se deslizó hacia afuera sobre su nariz, las fosas nasales pueden estar algo aplastadas.

Si se acumulan líquidos bajo su piel, es posible que los ojos estén hinchados. Y también puede tener algunos magullones pequeños en el rostro y cuero cabelludo si durante el parto se usaron fórceps o una ventosa obstétrica.

Tu bebé es una obra de belleza en progreso. Ten paciencia, y pronto se convertirá en el ángel que imaginaste.

Mi bebé es muy asustadizo.

Después de pasar meses acurrucado en una bolsa de agua dentro de un útero acogedor y cómodo, tu recién nacido ahora tiene todo el espacio del mundo para moverse, sin restricciones para sus extremidades.

No ha descubierto del todo cómo controlar el cuerpo en este nuevo medio, por lo que una pequeña onda que produce su brazo se convierte en un amplio giro espasmódico.

Los bebés también nacen con el reflejo de Moro, o de sobresalto: cuando el pequeño tiene la sensación de que se cae o se sobresalta, de repente lanza al aire los brazos, abre las manos, echa la cabeza hacia atrás y luego, con rapidez, vuelve los brazos hacia el cuerpo.

Este reflejo desaparece antes de los 3 meses. Un sistema neurológico aún en desarrollo también envía más impulsos eléctricos de los necesarios a los músculos, lo que hace que le tiemble el mentón o se estremezcan sus piernas.

A medida que se organiza todo durante el primer par de semanas, comenzará a sacudirse menos.

La mayoría de los temblores no son causa de preocupación, pero deberás ver a un médico si tu bebé se sacude en forma rítmica o si el temblor de un miembro no cesa cuando lo tocas.

Mi hijo lo tiene enorme.

Antes de que tu esposo se atribuya el mérito de los enormes testículos de su varón recién nacido, deberías saber que el tamaño no se debe a la genética ni a hormonas masculinas superpoderosas.

La inflamación es, en realidad, el resultado de la presión ejercida sobre tu bebé durante el nacimiento, además de los líquidos atrapados en los tejidos. Además, todos los recién nacidos tienen aún hormonas de la mamá en circulación por el cuerpo.

En los varones, esas hormonas agrandan los testículos; en las niñas, hacen que se hinchen los labios vaginales. La inflamación genital desaparecerá en los primeros dos o tres días.

Mi bebé siempre está hambriento.

En las primeras semanas, podría parecerte que lo alimentas las 24 horas. Sus demandas frecuentes son la forma que tiene la naturaleza de aumentar tu provisión de leche a fin de satisfacer su apetito creciente.

Los bebés amamantados también tienden a comer con más frecuencia, porque la leche materna se digiere con mayor rapidez y en forma más completa que la leche maternizada.

La razón del frenesí de la alimentación, por supuesto, es que tu pequeño tiene que crecer mucho. Duplicará su peso de nacimiento en seis meses, lo que requiere un consumo enorme de calorías.

Puedes esperar que tu bebé esté particularmente voraz durante incrementos repentinos de crecimiento, el primero de los cuales se produce, por lo general, entre la 4ª y la 6ª semana de vida. Glade Curtis, M.D., obstetra, ginecóloga y autora de Your Baby’s First Year Week by Week (El primer año de tu bebé semana a semana; Fisher Books, 2000) recomienda que solo debes tener cuidado de no malinterpretar las señales del bebé como hambre cuando todo lo que desea es consuelo o cercanía.

Si comió en las últimas dos o tres horas, intenta sostenerlo y envolverlo para ver si se calma.

Las manos y los pies de mi bebé están fríos.

Antes de subir el termostato o de envolver al pequeño en otra manta, palpa su torso. Si está tibio y rosado, no siente frío. Como su sistema circulatorio está aún en desarrollo, la sangre se dirige con más frecuencia hacia los órganos y sistemas vitales, que es donde más se necesita.

Las manos y los pies son las últimas partes del cuerpo en obtener un buen suministro de sangre. Puede llevar hasta tres meses que su circulación se adapte por completo a la vida fuera del útero. Mientras tanto, es común que sus diminutos dedos se sientan fríos y se vean pálidos.

A medida que tu bebé adquiera más movilidad y se vuelva más activo, mejorará su circulación.

Hay sangre en el pañal de mi beba.

Las mismas hormonas maternas que causan la inflamación de testículos y labios vaginales también son responsables de la secreción vaginal de sangre que a veces tienen las niñas recién nacidas. No te preocupes si ves una pequeña mancha de sangre en el pañal en las primeras semanas de vida.

Este miniperíodo menstrual dura solo unos días, afirma la Dra. Curtis. Algunas veces, lo que parece sangre en realidad puede ser orina concentrada, que se ve bastante oscura en los pliegues del pañal.

Sin embargo, la sangre rojo brillante es poco usual y justifica una consulta al médico.

Mi bebé tiene una ampolla en el labio.

Muchos recién nacidos desarrollan un callo de succión o ampolla por chupar con vigor un biberón o los senos maternos. En algunos casos, aparece al nacer porque el bebé se succionaba el pulgar en el útero.

El callo de succión no provoca malestar al bebé. De hecho, el sobrecrecimiento de piel pone rígido el labio y puede facilitarle prenderse al pezón. El callo desaparecerá por sí solo en unos meses, o podría ir y venir de un día para el otro.

El popó de mi bebé parece diarrea.

Los bebés amamantados tienen sospechosas heces de color amarillo mostaza, líquidas y sin forma, mientras que los movimientos de vientre de los pequeños que toman biberón tienden a ser ligeramente más sólidos y de un color amarronado, con la consistencia de helado cremoso blando.

Algunos bebés evacuan una docena de veces al día, mientras que otros solo lo hacen en contadas ocasiones cada semana. Mientras tu hijo suba de peso y no tenga dolor o hinchazón abdominal, la frecuencia de sus deposiciones es correcta.

Puede ser difícil distinguir los movimientos de vientre normales de la diarrea, en particular si lo amamantas. Los bebés alimentados con leche materna suelen defecar después de cada comida.

(Se denomina reflejo gastrocólico: cada vez que entra leche al estómago, algo sale por el otro extremo). Y, desde luego, sus heces son más sueltas. Tu mejor opción es familiarizarte con lo que es común en tu bebé.

Sin embargo, visita al médico si la frecuencia, el volumen o la consistencia cambian de manera radical.

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