Berrinches | 3 años

El enojo y la frustración son sentimientos inevitables que todo niño de esta edad experimenta. Por ello, es importante que le permitas expresar sus emociones, pero al mismo tiempo tienes que ayudarle a canalizar su enfado de manera positiva y sin necesidad de usar la violencia.

En ocasiones los berrinches llegan porque has modificado la rutina de tu hijo de manera súbita, lo cual lo confunde y genera ansiedad e inseguridad. Siempre es mejor que lo prepares para los cambios que estén por venir, platícaselos y asegúrate de que los entienda. También funciona que los hagas paulatinamente para evitar que se desconcierte.

Si tu chiquito está haciendo berrinche, no debes engancharte incluso si esto sucede en un lugar público. Probablemente te invada la vergüenza y termines por complacerlo con tal de que el trago amargo termine. Sin embargo, lo único que lograrás con ello es enviarle un terrible mensaje al niño: “si tienes una rabieta obtendrás lo que quieras”. Además debes tener en mente que cada que desee algo tendrá el mismo comportamiento y es casi un hecho que éste escalará aceleradamente.

Ante el problema, lo que debes hacer es:

Ignóralo:

no le hables ni lo observes, aléjate de él y continúa con lo que estés haciendo. Si estás en un lugar público, no cedas y evita prestar atención a la gente que está entorno a la escena. Con esto lograrás que el niño se canse y que poco a poco entienda que hay otras maneras de pedir lo que necesita.

Retíralo:

con toda tranquilidad dile que lo llevarás a otro lado y que esperarás a que termine de hacer su rabieta para continuar con sus actividades. Cuando consiga calmarse dile que lo encuentras más lindo de esa manera y que los berrinches no están bien.

Guíalo:

si sus episodios incluyen pataleos o cualquier comportamiento que pueda lastimar a alguien tienes que llevarlo de inmediato a otro lugar, en el que esté a solas hasta que se tranquilice. No intentes razonar con él, pues aún es muy pequeño para entender explicaciones complicadas; asegúrate de que haya comprendido lo que hizo mal y retírate. Por ningún motivo dejes que pase tiempo entre la rabieta y la plática, pues lo relacionará con el “crimen cometido”.

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